En la multitud. (3)

Una Plaza diversa vista de lejos.

La Plaza está llena. Por donde miro banderas y estandartes de todos los colores. Sobre el vallado se han ido acumulando los mensajes para Néstor y Cristina. ”Gracias por habernos devuelto la dignidad”. “Por siempre Néstor en el corazón del Pueblo”. “Fuerza Cristina, estamos con vos”. Cualquier medio es útil: banderas argentinas, cartón, cartulina, papel de diario, pañuelos, flores… Se hace imposible mirar a través del vallado. Para saber qué pasa en la Rosada hay que mirar la pantalla gigante que han colgado a un costado. O hacer la cola y entrar y ver todo por tus propios medios. La cola es kilométrica, de varias personas de ancho, y da una vuelta cuyo origen no alcanzo a distinguir. Solo veo la grieta, la pequeña puerta que intenta ganar toda esa  multitud que puja por entrar a la Rosada. Ahí, junto a la escalinata del ministerio de economía. 
Y entonces, vuelvo a preguntármelo ¿vas a entrar? ¿Vas a despedirlo a Néstor?
Néstor ¿era mí líder? No lo sé, no puedo ser hipócrita. Pero tengo muchas cosas que agradecerle, por  supuesto. El regreso de la política. La reforma de la Corte. El juicio a los genocidas. El pago al FMI y el fin de los condicionamientos indignos. La estatización de las AFJP. La Asignación Universal. Incluso 678 porque me permitió – a mí, que vengo de un pequeño pueblo agro-ganadero del interior y que no estuve con el campo durante la 125  – plantear en voz alta aquello que solo hablábamos en voz baja entre amigos (¿Acaso no fue la misma sociedad rural de los invernadores la que derrocó a Yrigoyen? ¿La que silbó y desestabilizó a Alfonsín?). Sin olvidarme de la ley de servicios audiovisuales o la del  matrimonio igualitario o el renacer del espíritu latinoamericanista.
Entonces, ¿qué? ¿La simpatía por algunas de sus medidas se transformó en apoyo incondicional? La respuesta no la tengo ahora. Pero la estoy madurando, no dejo de pensarla. Quizá la tenga para el final del día.
Salgo por izquierda. Busco Diagonal Norte. Son las 14.00 horas. Quiero compartir impresiones. Necesito hablar con alguien de lo que estoy viendo y sintiendo en estos momentos. Me arrepiento y tomo por Avenida de Mayo. Levanto un volante del piso.
“Kirchner en el corazón de los trabajadores judiciales. ¡¡Fuerza Cristina!! UEJN Judiciales”.
Al pasar frente al Cabildo veo que han implementado una especie de corralito para contener y diferenciar la ancha columna de gente que avanza para entrar a la Rosada de la multitud que no ha hecho la cola. Paso junto a ella justo en el momento en que se  abren las vallas y una chica y un chico entran al corral y se pierden en la corriente. Es mi oportunidad de colarme; pero es una falta de respeto hacia todos los que esperan desde hace rato. Además, todavía no estoy seguro de querer entrar. Voy en busca de mi amigo. 
Camino por Avenida de Mayo. En el cruce con Florida hay un par de tipos que, de espaldas a la gente, se reparten una bolsa. Son de un sindicato. Miran azorados, paranoicos, a la gente que pasa. Uno de ellos me mira mirarlo pero enseguida se olvida. Tal es la cantidad de personas que, piensa, supongo, nadie se percata de lo que hacen. Alrededor nuestro, me parece, está lleno de policías de civil. Pero, por supuesto, ¿qué policía con dos gramos de cerebro alentaría un disturbio en un día como hoy? La calle nos pertenece.
Es raro, no he visto ningún trailer, ni móvil, ni periodista identificado con el grupo Clarín. (Sí a los demás: la Tv Pública, América, Crónica… que están desde ayer). Supongo que están pero se ocultan. Me digo que ellos sí temen darse a conocer. Entonces imagino a los camarógrafos de TN haciendo paneos generales desde los techos o desde un helicóptero. ¡Qué absurdo! ¡Así nunca van a entender! ¿Querrán, realmente, entender? Para los cronistas la orden debe ser evitar el grueso de las columnas, hacer foco en aquello que puedan usar para construir su discurso descalificador, abusar del primer plano para la minimizar la convocatoria. Bueno, señores, yo les digo que es increíble ver tantas personas juntas, el clima de camaradería que aquí se respira. 
Además de ideológico, el recorte de la realidad – que para los medios es tan intrínseco como inevitable – hoy  también es necesario. (Por supuesto, chau Clarín. Hablo de los que me interesan. En el respiro me calzo los audífonos y sintonizo Radio Nacional. Repiten las palabras de Mujica al llegar al país. ¡Grande Pepe!). La multiplicidad de acontecimientos que están ocurriendo en simultáneo exigen el recorte. Una columna nueva entra en la Plaza. Un presidente latinoamericano arriba al país. Un dirigente entra a dar el pésame a Cristina. Alguien da un discurso. Un artista testimonia su dolor. Hoy el kirchnerismo, aún en la desgracia, no para de generar hechos políticos. Un cross a la mandíbula. Después otro. Y otro.
 
(Continúa “En la multitud” (4) “En la multitud”).

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