Museo Mitre. Una visita.

Buenos Aires, lunes 6 de diciembre de 2010. El Museo Mitre, en pleno microcentro porteño y a escasas cuadras de la Casa Rosada, es una joya que vale la pena visitar. La noticia de su existencia me llegó hace unos años, en forma de libro. Se trataba de dos reproducciones facsimilares: una era obra de Luis Jorge Fontana y la otra de Carlos María Moyano. Un buen trabajo, hecho por editorial Confluencia. En los agradecimientos se mencionaba al Museo y era posible deducir que poseía una biblioteca, sala de lectura, archivo, documentos, etc. Recuerdo que me pregunté si no sería acaso la biblioteca personal de Mitre, si el archivo y los documentos que decía poseer no serían los que había utilizado el general para sus clásicos de historia. En fin, ésta tarde caminaba sin rumbo y, sin esperarlo, dí con el edificio.
Se trata de un antiguo caserón – al parecer, de unos 250 años – agrisado por la contaminación del aire y despojado de toda pretensión ornamental. Su frente plano, la puerta maciza y sus dos ventanales enrejados, poco sugieren al peatón. Desde la vereda de enfrente, apenas asoman sobre la balaustrada – en el primer piso –  las placas recordatorias ennegrecidas por el paso del tiempo.
Como dice un amigo, no es que Mitre juegue en mi equipo. Demasiado claro tengo su papel en la Guerra del Paraguay y la destrucción del pueblo guaraní; la dura represión al Partido Federal luego de la defección de Urquiza y el asesinato de uno de sus líderes más representativos, el Chacho Peñaloza; el acuerdo con Julio A. Roca y su traición a Alem y la Revolución del Parque, entre otras…
Negar su lugar en la historia argentina, sin embargo, sería una necedad. De todo hombre puede aprenderse algo y Mitre fue – además de lo que acabo de mencionar -, muchas otras cosas en su azaroso paso por la vida: poeta, traductor, gobernador, presidente, legislador, periodista, historiador… ¡Hay que leer la Historia de Belgrano y de San Martín! Por otra parte, vuelvo a repetirlo, el lugar que lo recuerda bien vale una visita.
Se puede echar un vistazo al retrato que le hiciera Cándido López, a la fusta que le regalase Solano López en su entrevista durante la Guerra del Paraguay, al quepis que usó cuando fue herido en los Corrales, a sus condecoraciones y sables, a los cuadernos – con notas de puño y letra -, a la vajilla de la casa – cada pieza con el monograma de su propietario -, al mobiliario de la época… Nada mal para hacerse una idea del personaje y sobre cómo vivía una familia acomodada hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

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La visita se prolongó. Sentado en un banco del patio contemplé en silencio el aljibe, las baldosas gastadas por el uso y, en un lapsus, recordé a Mort Cinder, ese personaje de Oesterheld que viajaba en el tiempo a partir de los objetos que tocaba. Miré con aprehensión cada cosa. Me imaginé allí con una capa y un estoque, infiltrado en una conspiración de notables; en una noche de tertulia entre muchachitas bien; en la recepción de un envarado charlatán, vestido de frac y con fama de erudito…
Retomé el recorrido y subí la escalera que conduce al primer piso. En la pared principal estaba faltando un cuadro de proporciones. Disfruté de la Sala Moores – con su biblioteca de 1.500 volúmenes – la vista de sus hermosos y bien conservados ejemplares (incluso la vitrina donde se exhiben las ediciones de lujo de la Historia de San Martín y la Historia de Belgrano).
Y todo esto no fue más que un pequeño entremés. Comparada con la Biblioteca Americana – nombre con el que se conocía en su época a la biblioteca del general Mitre -, la Sala Moores y el resto del museo no tenían nada que hacer (al menos, desde la óptica de un amante de los libros). La visión de este portento me dejó boquiabierto. Ubicada en una sala aparte la Biblioteca Americana conserva “unos 60.000 volúmenes de libros, folletos y revistas, artículos de prensa y material audiovisual en diferentes soportes, a los que hay que agregar la inmensa riqueza del archivo del museo (unos 100.000 papeles y documentos), más la colección de medallas y monedas de Bartolomé Mitre (unas 5000) y mapas y planos (alrededor de 5000) de todas las épocas”.(*)
Un timbre avisó que el Museo estaba cerrando. Un guarda de seguridad – muy amable, a decir verdad – me invitó a retirarme. Demoraba la partida y algo debió intuir.
– La biblioteca abre los miércoles. Se puede consultar de 14 a 17.30hs. El archivo también. 
Antes de irme, ya en el primer patio, me detuve a mirar la estatua de Mitre. ¿Cuántas vidas había vivido ese hombre? Para averiguarlo, allí estaba su Museo.

(*) Datos extraídos de la página oficial del Museo Mitre. Este año la Biblioteca Americana y el Archivo Histórico del Museo fueron declarados de interés histórico nacional por el decreto nº 856/10 de la Presidencia de la Nación. 
 

Dirección.
San Martín 336.  Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Entrada.
Bono contribución de $5.
Lunes acceso gratuito.

Horarios.
Lunes a viernes de 13 a 17.30hs.
Miércoles de 14 a 17.30 hs. acceso a la biblioteca y archivo histórico.
No abre en los feriados nacionales y durante el mes de enero.

Contactos.
Teléfono 11-4394-8240.
Fax 11-4394-7659.
www.museomitre.gov.ar (La página es muy completa. Tiene, incluso, un tour virtual del museo).
biblioteca@museomitre.gov.ar

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