Vincent Van Gogh: Carta a Van Rappard.

Querido Rappard,

Adjuntos te devuelvo los 2’5 florines que tuviste la bondad de prestarme. Me han contestado respecto a mis dibujos: he obtenido menos de lo que esperaba, aunque mis pretensiones no iban más allá de los 30 florines – por siete piezas -. He cobrado veinte florines y recibido una reprimenda por añadidura: “¿Acaso imagino que semejantes dibujos tienen el menor valor comercial?”

Convendrás conmigo en que los tiempos no son fáciles y reconocerás que tales experiencias (hay cosas aún más graves; en comparación con otras formas de proceder, ésta tiene algo de señorial), decía pues que tales experiencias no animan mucho.

El arte es celoso, exige todo nuestro tiempo, todas nuestras fuerzas. A veces es muy amargo que cuando te consagras enteramente a él te miren como a un hombre poco práctico y no sé qué más.

En fin, debemos intentar arreglárnoslas.

Respondí que no pretendía estar al corriente del valor comercial de las cosas y que si él, comerciante, me decía que no tenían valor comercial, no tenía ningunas ganas de contradecirle, ni de discutir su punto de vista; que por lo que a mí concernía, le daba más importancia al valor artístico y que prefería absorberme en la naturaleza antes que en el cálculo de precios. En fin, que si le hablaba de precios, si no le daba mis dibujos gratis, era porque como cualquier otro hombre, tenía necesidades humanas: alimentarme, alojarme, etc., y que consideraba como un deber reglar esas cuestiones relativamente sin importancia.

Le dije además que no quería imponerle mi obra contra su voluntad y que seguía dispuesto a proporcionarle dibujos como los que quería, pero que también estaba dispuesto a perder su clientela. Sé con certeza que este asunto traerá cola y que presentarán mi actitud como una demostración de ingratitud, de grosería y de brutalidad.

Y que cuando convenga me reprocharán: “¡Su tío de Ámsterdam tenía tanto interés en usted, estaba tan bien dispuesto para con usted, le ayudaba tanto! ¡Se ha mostrado usted tan desagradecido para con él, con su pretensión y con su mala fe, que es culpa suya, etc., etc.!”

Mi querido Rappard, no sé si reír o llorar ante todo eso. ¡Encuentro la historia tan divertida! Claro que los ricos comerciantes son buena gente, honestos, francos, leales y delicados, mientras que nosotros, pobres diablos que nos dedicamos a dibujar en el campo, en la calle o en el estudio, tan pronto al alba como de noche, tan pronto bajo un sol abrasador como bajo la nieve, somos unos tipos sin delicadeza, sin sentido práctico, sin “buenas maneras”. ¡Ya lo creo!

Mi tío de Ámsterdam se las ha arreglado para decirme, con mucho aplomo, que de Groux, en realidad, es un mal hombre. ¡Ya te puedes imaginar hasta qué punto eso ha hecho cambiar mi opinión sobre el padre de Groux! Lo único que le he dicho, para lo que hasta el momento no ha encontrado respuesta, es que ese honesto comerciante es lo que ya he dicho.

No obstante, me parece que se trata menos de ganar que de merecer.

En fin, te hablo de eso para abrir un poco la válvula de escape de la máquina, porque de otra forma podría guardarle rencor por ésta historia. Lo que quiero es no volver a pensar en ello, olvidarlo, pero esa gente comienza siempre de una forma tan considerada, saben mostrarse tan amables al principio que al final uno se queda mucho más estupefacto.

Adiós, gracias una vez más, VINCENT.

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1 comentario

Archivado bajo Breves

Una respuesta a “Vincent Van Gogh: Carta a Van Rappard.

  1. Milton

    Es cosa muy de la actualidad. Muy buena carta.

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