Raymundo Gleyzer, Presente.

Estimado lector:

El que sigue es un sencillo  recordatorio que hace charloenboga  sobre la vida y la obra de un director de cine desaparecido por la última dictadura militar el 27 de mayo de 1976 llamado Raymundo Gleyzer. De ninguna manera trata de ser un decálogo sobre las diez verdades del séptimo arte.

El origen de la iniciativa fue una nota de Alejandra Dandan, aparecida el 17 de mayo de este año en el diario Página 12. Informaba sobre la lectura de los alegatos en la causa por los crímenes de El Vesubio y recordaba, de paso, que fue en ese centro clandestino de detención donde un testigo vio con vida por última vez a Raymundo.

La militancia de Raymundo Gleyzer en el PRT-ERP y el cine “caliente” que practicó llevaron a las Fuerzas Armadas a instrumentar de una manera especialmente siniestra la censura sobre la vida y obra de este realizador.

En el plano personal, entré en conocimiento de la obra de Raymundo a través del programa Filmoteca, emitido por la TV Pública y dirigido por Fernando Martín Peña y Fabio Manes. Fueron estos dos ‘grosos’ quienes – allá por el 2005 o 2006 más o menos – hicieron una retrospectiva de la obra de Gleyzer en la televisión,  poniéndola al alcance de todos. Si el ocultamiento de este realizador se explicaba por razones políticas y generacionales, si su contenido era considerado subversivo por la dictadura genocida… ¿qué más necesitaba para echarle una mirada a su obra? La curiosidad dio paso a un vivo interés y de allí al fanatismo hubo solo un paso. Recuerdo esperar ansioso cada medianoche para ver qué se traían entre manos Peña y Manes con ese archivo mágico con que contaban y del que no paraban de surgir obras bellas y personalísimas.

Como decía, de entrada nomás Gleyzer me cayó bien. El puente fue La tierra quema (1964), su primer cortometraje. El ciclo continuó – si no me equivoco –  con Ocurrido en Huafin (1965) y Ceramiqueros de Tras la Sierra (1965). (Estos tres relatos – y habría que sumarle Pictografías del Cerro Colorado y quizá también Quilino, sobre el que he leído pero que no he podido ver todavía – mantienen, desde mi punto de vista, un parentesco con esa vertiente de la antropología social que muestra Rodolfo Walsh en algunos de los relatos recogidos en el libro El violento oficio de escribir). Después siguieron con  México, la revolución congelada (1971) un gran trabajo documental, ‘hecho’ con mucha picardía, el especial en Malvinas y su nota en Cuba para Telenoche. La síntesis histórica de Los Traidores me pareció genial. (También aquí creí encontrar reminiscencias de Walsh pero, en este caso, de la evolución histórica del vandorismo que describe en ¿Quién mató a Rosendo? Aunque, claro está, desde la postura antiperonista de izquierda propia del ERP). Todavía recuerdo el cosquilleo que sentí en la panza al escuchar la frase que Gleyzer pone en boca de Barrera, el dirigente sindical corrompido por la ambición y el poder:

“El que pone mucho la cara se quema. Hay que hacer como Palito Ortega, que actúa, después se retira y vuelve”. 

Pasados los días comenté a una vieja renegada que había militado en el secundario en una organización del ERP acerca del ciclo y la obra de Raymundo Gleyzer. Habíamos conversado muchas veces sobre los años duros de la dictadura y tanto ella como su marido – que militaba en Montoneros – me habían puesto al corriente de infinitas cosas ignoradas. Sin embargo, y no sin vergüenza, la vieja vino a confesarme que no conocía a Raymundo Gleyzer, que no había visto sus películas. Debió sentir algo de culpa también porque a los pocos días se me apareció  con una pila de DVD y muchas de las películas de Raymundo que no había alcanzado a ver.

Así fue que vi Pictografías de Cerro Colorado (1965); Ni olvido ni perdón, corto escalofriante sobre la Masacre de Trelew hecho en gran medida con la conferencia de prensa de los evadidos del penal de Rawson antes de ser fusilados -;  la versión completa de México, la revolución congelada que había enganchado empezada en el ciclo de Filmoteca; el Comunicado Cinematográfico del ERP, Nº 5 y 7: Swift (1972) en que un notero y una cámara documentan el reparto de comida hecho entre los trabajadores del frigorífico luego de la liberación del gerente de la multinacional secuestrado por el ERP; Me matan si no trabajo y si trabajo me matan (1974) un corto muy actual filmado en una fábrica donde se trabaja el plomo, los obreros sufren ‘saturnismo’ y se denuncian los acuerdos que perjudican a los trabajadores hasta en la muerte y la enfermedad; y La triple A son las tres Armas hecho por el grupo de Cine de la Base luego de la desaparición de Raymundo y filmada en la clandestinidad, sobre la base de la Carta Abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh.  

Poco más tarde, la vieja Erpia – como solía decirle cariñosamente para mis adentros -, me regaló el libro de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina, El cine quema: Raymundo Gleyzer, publicado en 2006 por Ediciones de la Flor. Fue sobre la base de ésta lectura que surgió la  nota biográfica que se publica a continuación. El objetivo: reparar, en lo posible, la memoria histórica y devolver a Raymundo al reino de este mundo.

Raymundo Gleyzer aún forma parte de la lista de los detenidos desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Memoria, Verdad, Justicia.

 

(*) Para acceder a los enlaces hacer click en las palabras subrayadas.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Medios, Noticias comentadas (de ayer y de hoy), Política

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s