Raymundo Gleyzer Vive.

Raymundo Gleyzer nació en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1941. Sus padres pertenecían a la comunidad judía – la familia de su madre era de origen polaco y su padre era ucraniano.

Según Greta Gleyzer, hermana de Raymundo, sus padres lo bautizaron con ese nombre en honor de un guerrillero francés que había muerto en esos días luchando contra los nazis. Su nombre era Raymond Guyot.

Así lo describe su hermana cuando era pequeño:

“Era totalmente distinto a mí: era rubio, muy blanco, y de ojos celestes, pero de un celeste muy especial: Raymundo tenía el color del cielo en los ojos”.

Su infancia transcurrió en el barrio de la Paternal y, luego, en Luis Beláustegui y Artigas, barrio de Villa Mitre. Hizo la primaria en una escuela que queda en la calle Remedios de Escalada de San Martín y Nazca y que quedaba a pocas cuadras de su casa (en fecha reciente la madre de un alumno hizo gestiones y logró cambiar el nombre del colegio donde Raymundo estudió por entender que se trataba de una herencia de la dictadura y porque llamándola así se rendía culto a un terrible asesino). 

Sara Aijén, la madre de Raymundo, era una mujer de espíritu inquieto: recitaba poesía, actuaba y militaba en el Partido Comunista. También su padre era actor aunque nunca adquirió la relevancia que sí tuvo Sara. Ambos fueron parte de la camada de actores que fundaron el teatro IFT. En ese ámbito transcurrió la niñez de Raymundo, llegando a representar papeles con pequeños parlamentos. También le gustaba ir al cine y solía escribir mucho.

En 1948, el teatro fue clausurado. Los actores fueron acusados de comunistas. Raymundo tenía siete años. Según Greta:

“Raymundo nunca podría haber salido peronista. En mi familia el peronismo se vivió como algo terrible. Yo me acuerdo que iba a la escuela y todos los días mamá me decía: “Cuidadito con hablar; ni una palabra”. Para nosotros, Perón era un nazi.”

Cuando terminó la primaria, los compañeros de Raymundo representaron una obra escrita por él. A los trece años, su padre abandonó la familia y, poco después, su hermana Greta contrajo matrimonio y también dejó el hogar. Raymundo decidió convertirse en el hombre de la casa y comenzó a trabajar en el negocio de un primo de su madre.

En 1954 viajó a Europa para acompañar a Sara a un congreso. A instancias de su cuñado, Benjamín Giser, compró su primera cámara fotográfica y comenzó a sacar fotos. Poco después el propio Giser lo convocó al periódico que dirigía – se llamaba “Juventud” – como encargado de fotografía. También comenzó a hacer “sociales”: casamientos, novias, cumpleaños de quince… Trabajaba en su barrio de Villa Mitre. Hasta 1955 “Juventud” circuló clandestinamente. 

Al terminar la secundaria  hizo un año en la facultad de Ciencias Económicas pero abandonó para estudiar en la recientemente abierta Escuela de Cine de La Plata. Allí se hizo de un grupo de amigos. Corría el año 1962. Raymundo tenía 21 años y Lalo Panceira lo recuerda así:

“Con buen criterio, Raymundo tenía una leve sospecha hacia lo intelectual, hacia las posiciones intelectuales. Era un hacedor, con una dirección muy clara, de mucha decisión. Difícilmente se involucraba demasiado en cuestiones teóricas”.

Otro de sus compañeros, Alejandro Malowicki, guarda ésta imagen:

“Entre los compañeros, Raymundo era un tipo muy controvertido, pero yo creo que porque lo admirábamos y muchos lo envidiaban. Porque era el único que superaba la barrera de la teoría. No era un polemista, no era un teórico. Era una aplanadora. Era un hombre de la cámara, de ver las imágenes, de ir, filmar y compaginar, y armar el proyecto y hablar con el músico y relacionarse y conseguir la guita y los medios para viajar… Era un tipo que estaba constantemente ocupado en llevar adelante su proyecto. Nosotros no, nosotros hacíamos vida de estudiantes de cine, discutíamos, intelectualizábamos… lo que todo estudiante hace. Raymundo también hacía eso, pero mucho menos, porque él ya estaba ocupado en lo que era la tarea específica de un documentalista”.

“Era un tipo eminentemente práctico, quizá porque le tocó una vida en la que tuvo que luchar de entrada por mantenerse, por sustentarse”.

“Él quería hacer fotografía y a partir de ahí, quería hacer cine. Y otra cosa que él tenía muy clara y nosotros no, era qué tipo de  cine quería hacer: desde que tenía veinte años él quería hacer un cine testimonial. En este sentido, su referente más fuerte  era Joris Ivens, siempre hablaba de Joris Ivens”. (Nota: de este director: “Lluvia” y “El Sena reencuentra París”).

Por esos años, además de trabajar y viajar desde Buenos Aires a La Plata para estudiar en la Escuela de Cine, Raymundo militaba en la Federación Juvenil Comunista. Pero eran años de gran ebullición y tanto él como buena parte de sus compañeros tomaban posiciones cada vez más radicalizadas.

La descripción que transcribimos a continuación, la brinda su hermana Greta:

“Era un hombre que no pasaba desapercibido. Tenía un lindo porte, era alto, buen mozo. Era simpático, tenía una dentadura perfecta, una sonrisa muy hermosa. Era un hombre lindo, interesante. Muchas chicas se enamoraban de Raymundo. A él le importaba un comino que era lindo. Tampoco le importaba la ropa, era lo último que le importaba”.

La mujer de Raymundo, Juana Sapire, recuerda así sus primeros encuentros:

“La primera vez que nos vimos, yo tenía doce años y él catorce. Él andaba con una compañera mía del colegio, Silvia Cohen, y una vez la llevó a ver una gran exposición soviética en Pacífico. Yo fui con Silvia, me aburrí como loca y me acuerdo que me pareció una locura que gente tan joven perdiera el tiempo en esas cosas.

Pasaron unos años y nos encontramos un día por la calle Lavalle. Raymundo iba cargado de cámaras y cosas, y estaba con su sinusitis que apenas lo dejaba respirar. Siempre estaba resfriado. Y bueno, nos enamoramos. Yo tenía otro novio, lo largué y ya no nos separamos. Para mí Raymundo era muy interesante, era fascinante, y además todo el tiempo estaba haciendo cosas”.

En 1963, mientras cursaba en la Escuela de Cine, Raymundo realizó La tierra quema, su primer corto. Un amigo suyo, Jorge Giannoni, ganó un concurso con un guión sobre las condiciones de vida del campesinado y pensó en Raymundo para realizarlo. Enterados de la existencia de las ligas campesinas en el nordeste de Brasil, los dos amigos decidieron viajar y filmar allí el cortometraje, mezclados con la gente del lugar, compartiendo el duro cotidiano.

Ya en el nordeste brasileño Raymundo y Jorge pararon un tiempo en una escuela que estaba cerrada por vacaciones. No tenían dinero y sufrieron no solo la falta de comida sino también la escasez de agua. Un día Raymundo despertó y encontró una nota en la que su amigo le avisaba que regresaba a la Argentina. Fue un golpe duro. Sin embargo, el contratiempo no impidió que Raymundo perseverase: terminó de filmar, guardó el material crudo, cargó la cámara, sus pocas pertenencias y emprendió una larga caminata hasta el aeropuerto. Benjamín Giser fue el encargo de recogerlo en la estación Federico Lacroze:

“Estaba flaco, encorvado, pelada la cara por el sol, el cutis reseco, todo barbudo y con una necesidad imperativa de tomarse un baño. Pero tenía La tierra quema adentro de la mochila”.

Según su mujer fue Osvaldo Vacca quien prestó a Raymundo su estudio y equipos para compaginar el material.

“En Brasil no había podido registrar nada para la banda sonora porque no tenía grabador, así que decidió recrearla en el estudio. Se fue a la embajada brasilera y ahí consiguió algo de música y gente que hablara en portugués, para que le hicieran los diálogos que él recordaba. Yo creo que cuando se encontró armando La tierra quema él tuvo bien claro que su vida iba a ser el cine”.

 

* Como mencionamos en la nota anterior, todos los datos y citas utilizadas pertenecen al libro de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina,  El cine quema: Raymundo Gleyzer. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2006.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Medios, Noticias comentadas (de ayer y de hoy)

Una respuesta a “Raymundo Gleyzer Vive.

  1. BerroSobu

    Hola! Les paso una dirección, tal vez valga la pena darse una vuelta si desean buscar mas información sobre cine.
    Queda entre Colegiales y Belgrano
    Centro de Investigación Cinematográfica
    http://www.cic.edu.ar/
    Tte. Benjamín Matienzo 2571
    (0)11 4553 5120

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s