Malvinas Argentina: historia de la usurpación.

La ocupación británica de las Malvinas. (*)

“Desde 1766, cuando se creó por Real Cédula la Gobernación de Malvinas, hasta 1810, las islas fueron de propiedad reconocida del gobierno español, estableciéndose en el lugar un gobernador, dependiente primero de Buenos Aires y luego del Virreinato del Río de la Plata, a partir de 1776. Pero las guerras de independencia complicaron la situación. Los españoles, consolidados en Montevideo luego de la revolución de 1810, retiraron las fuerzas de Malvinas para resguardar su posición y, por unos años, las islas quedaron desguarnecidas. Fue así como, recién a fines de 1820, el coronel David Jewett, corsario estadounidense al servicio del gobierno de Buenos Aires, incorporó definitivamente las islas a soberanía de las “Provincias Unidas de Sudamérica”. De inmediato se tomaron las medidas para la explotación de los recursos existentes. Con ese fin se otorgaron tierras en concesión en la isla Soledad  y permisos de caza de lobos marinos.

“Uno de esos primeros concesionarios, Luis Vernet, de origen alemán, fue designado en 1829 jefe de la Comandancia Política y Militar de Malvinas. De inmediato se inició la colonización de las islas con población de distintos orígenes – holandeses, alemanes, ingleses, criollos y unos pocos esclavos llevados por Vernet -. A pesar de las difíciles condiciones imperantes, el crecimiento de la colonia se sostuvo con la práctica de cultivos y la cría de ganado, a la par que se intentaba, no sin serias dificultades, hacer cumplir a los buques extranjeros la legislación referente a la pesca comercial en aguas de jurisdicción argentina.

“Para esta misma época, Inglaterra iniciaba una importante campaña de reconocimiento de las costas patagónicas. La participación en esos viajes del naturalista Charles Darwin aseguró a los ingleses un detallado conocimiento científico de la región. Fue entonces cuando el gobierno británico decidió hacerse de una base estratégica en el Atlántico Sur, favorable a sus intereses políticos y económicos.

“En los enclaves malvinenses los incidentes eran frecuentes y algunos alcanzaron ribetes de gravedad. Cuando en 1831 Vernet hizo apresar a tres barcos pesqueros norteamericanos dedicados a la caza de lobos marinos, intentando someter a proceso a sus responsables, el gobierno estadounidense envió a la fragata “Lexington” de su marina de guerra, anclada en Río de Janeiro, que arribó a las islas con bandera francesa. Vernet cayó en la trampa y los estadounidenses apresaron a los funcionarios de la colonia, destruyendo buena parte de sus instalaciones. La gravedad del hecho provocó la ruptura de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos hasta el año 1844. A este acto de agresión se sumó un levantamiento de los detenidos en la cárcel de Puerto Soledad, derivó en la muerte del comandante interino. Fue en medio de esa difícil situación cuando tuvo lugar el arribo de la corbeta inglesa “Clío”, que ocupó las islas por la fuerza, ordenando la evacuación de Puerto Soledad. En los primeros días de 1833 el capitán Onslow daba el siguiente ultimátum a las autoridades del lugar: “Siendo mi intención izar mañana el pabellón de la Gran Bretaña, os pido que tengáis a bien arriar el vuestro y retirar las fuerzas con todos los objetos pertenecientes a vuestro gobierno”.

“La guarnición argentina, sin suficientes fuerzas, debió rendirse y retirarse de las islas. A partir de entonces, el reclamo argentino por la restitución de las Malvinas no ha cesado, ya sea por la vía diplomática directa o a través de organismos internacionales como las Naciones Unidas, hasta ahora con resultados negativos. La guerra por la recuperación de las islas, desatada el 2 de abril de 1982, dejó secuelas muy importantes en la sociedad argentina. Por otra parte, y como consecuencia de su triunfo, Inglaterra reforzó su dominio sobre la zona estableciendo un área de control exclusivo de 150 millas náuticas alrededor de las islas para explotar el recurso ictícola de la plataforma continental argentina”.

(*) Extraído de Bandieri, Susana, Historia de la Patagonia, Sudamericana, Buenos Aires, 2005. 

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