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Malvinas Argentina: historia de la usurpación.

La ocupación británica de las Malvinas. (*)

“Desde 1766, cuando se creó por Real Cédula la Gobernación de Malvinas, hasta 1810, las islas fueron de propiedad reconocida del gobierno español, estableciéndose en el lugar un gobernador, dependiente primero de Buenos Aires y luego del Virreinato del Río de la Plata, a partir de 1776. Pero las guerras de independencia complicaron la situación. Los españoles, consolidados en Montevideo luego de la revolución de 1810, retiraron las fuerzas de Malvinas para resguardar su posición y, por unos años, las islas quedaron desguarnecidas. Fue así como, recién a fines de 1820, el coronel David Jewett, corsario estadounidense al servicio del gobierno de Buenos Aires, incorporó definitivamente las islas a soberanía de las “Provincias Unidas de Sudamérica”. De inmediato se tomaron las medidas para la explotación de los recursos existentes. Con ese fin se otorgaron tierras en concesión en la isla Soledad  y permisos de caza de lobos marinos.

“Uno de esos primeros concesionarios, Luis Vernet, de origen alemán, fue designado en 1829 jefe de la Comandancia Política y Militar de Malvinas. De inmediato se inició la colonización de las islas con población de distintos orígenes – holandeses, alemanes, ingleses, criollos y unos pocos esclavos llevados por Vernet -. A pesar de las difíciles condiciones imperantes, el crecimiento de la colonia se sostuvo con la práctica de cultivos y la cría de ganado, a la par que se intentaba, no sin serias dificultades, hacer cumplir a los buques extranjeros la legislación referente a la pesca comercial en aguas de jurisdicción argentina.

“Para esta misma época, Inglaterra iniciaba una importante campaña de reconocimiento de las costas patagónicas. La participación en esos viajes del naturalista Charles Darwin aseguró a los ingleses un detallado conocimiento científico de la región. Fue entonces cuando el gobierno británico decidió hacerse de una base estratégica en el Atlántico Sur, favorable a sus intereses políticos y económicos.

“En los enclaves malvinenses los incidentes eran frecuentes y algunos alcanzaron ribetes de gravedad. Cuando en 1831 Vernet hizo apresar a tres barcos pesqueros norteamericanos dedicados a la caza de lobos marinos, intentando someter a proceso a sus responsables, el gobierno estadounidense envió a la fragata “Lexington” de su marina de guerra, anclada en Río de Janeiro, que arribó a las islas con bandera francesa. Vernet cayó en la trampa y los estadounidenses apresaron a los funcionarios de la colonia, destruyendo buena parte de sus instalaciones. La gravedad del hecho provocó la ruptura de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos hasta el año 1844. A este acto de agresión se sumó un levantamiento de los detenidos en la cárcel de Puerto Soledad, derivó en la muerte del comandante interino. Fue en medio de esa difícil situación cuando tuvo lugar el arribo de la corbeta inglesa “Clío”, que ocupó las islas por la fuerza, ordenando la evacuación de Puerto Soledad. En los primeros días de 1833 el capitán Onslow daba el siguiente ultimátum a las autoridades del lugar: “Siendo mi intención izar mañana el pabellón de la Gran Bretaña, os pido que tengáis a bien arriar el vuestro y retirar las fuerzas con todos los objetos pertenecientes a vuestro gobierno”.

“La guarnición argentina, sin suficientes fuerzas, debió rendirse y retirarse de las islas. A partir de entonces, el reclamo argentino por la restitución de las Malvinas no ha cesado, ya sea por la vía diplomática directa o a través de organismos internacionales como las Naciones Unidas, hasta ahora con resultados negativos. La guerra por la recuperación de las islas, desatada el 2 de abril de 1982, dejó secuelas muy importantes en la sociedad argentina. Por otra parte, y como consecuencia de su triunfo, Inglaterra reforzó su dominio sobre la zona estableciendo un área de control exclusivo de 150 millas náuticas alrededor de las islas para explotar el recurso ictícola de la plataforma continental argentina”.

(*) Extraído de Bandieri, Susana, Historia de la Patagonia, Sudamericana, Buenos Aires, 2005. 

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Malvinas Argentinas: 180 años de usurpación británica.

Un poco de historia. 

A continuación un texto de Mariano Pelliza sobre los actos de posesión argentinos antes de la usurpación británica (*).

“En el mes de enero de 1828, don Luis Vernet solicitó del gobierno de Buenos Aires, a cuyo frente se hallaba el coronel don Manuel Dorrego, la protección para el establecimiento de una colonia en la isla de la Soledad (Malvinas), así como la posesión y propiedad de esa isla y la llamada Shatenland, cerca de la costa de la Tierra del Fuego; agregando a esta solicitud el derecho exclusivo de la pesca en aquellas costas.

“La resolución del gobierno fue favorable al señor Vernet, concediéndole la propiedad de la pesca en todas las Malvinas y en la costa del continente al sur del Río Negro de Patagones.

“Para hacer efectivos estos derechos, el concesionario pidió un buque de guerra con qué vigilar aquellas costas y conducir algunas maderas desde Magallanes a las Malvinas.

“A fines de 1829, el señor Vernet comunicaba la toma de posesión de aquellas islas y de la Tierra del Fuego, avisando al mismo tiempo que se proponía hacer una expedición al Estrecho.

“Como consecuencia de la concesión acordada a Vernet, el gobierno prohibió, por decreto de 28 de octubre de 1829, la pesca de anfibios en las costas de la Patagonia.

“La soberanía argentina en aquella región estaba tan bien reconocida y aceptada que debiendo seguir hasta el Cabo de Hornos, en 1830, la corbeta de guerra L’Emulation, de la marina francesa, en una exploración geográfica, el cónsul general de aquella nación solicitó del gobierno argentino el permiso necesario para efectuarla.

“En 1831 la goleta Unicornio, bajo pabellón oriental, fue sorprendida en la pesca de anfibios, lo que dio ocasión a reclamaciones fundadas por haber sido aquel buque despachado con destino al Pacífico.

“Tan frecuentes abusos obligaron al gobierno a encargar la vigilancia de aquellas costas al comandante de Patagones, el cual comunicaba en 6 de julio de 1831 que había despachado a don Guillermo Robert para que recorriese la costa y apresase los buques pescadores.

“En 1832 se produjo un cambio de notas con el cónsul norteamericano por infracciones cometidas en la pesca de anfibios por buques de aquella matrícula. En una de esas notas el Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, dijo:  Pero, ¿cómo ha podido cuestionarse de este derecho por el señor Slacum? ¿Ignoraba acaso que las islas Malvinas y las costas patagónicas con sus adyacencias hasta el Cabo de Hornos estaban comprendidas en el territorio demarcado por los reyes de España, para integrar el antiguo virreinato de Buenos Aires, erigido después en una nación por el voto y esfuerzo de sus hijos? ¿Podrá dudar el señor Slacum que el derecho adquirido por la corte de España a lo que había descubierto, conquistado, poseído y ocupado, hasta entonces, tanto en tierra firme como en las islas adyacentes a dicho virreinato, había asado como un título fundamental para los argentinos, desde que tomando un ser nacional e independiente se erigieron en Repùblica, del mismo modo que lo descubierto, conquistado, poseído y ocupado por Inglaterra en el territorio y costas del norte de América, ha pasado a sus hijos con el ejercicio jurisdiccional que los Estados Unidos apropiaron debidamente?

“El pensamiento de ocupar militarmente aquellas islas surgió de estas cuestiones.

“La goleta de guerra La Sarandí fue despachada al Estrecho de Magallanes y a la Isla de los Estados. El 10 de octubre de 1832 el teniente coronel don José María Pinedo, comandante de la expresada goleta, en cumplimiento de instrucciones reservadas tomaba posesión de la fortaleza y puerto de la Soledad en las islas Malvinas, haciendo extensivo el acto a las islas adyacentes, costa de Patagonia hasta el Cabo de Hornos y Tierra del Fuego.

“Es verdad que estas islas (Malvinas) fueron después violentamente ocupadas por Inglaterra, pero es verdad también que esa ocupación fue debida y oportunamente protestada por nuestro ministro plenipotenciario en Londres, doctor don Manuel Moreno. Esa protesta que fue hecha ante el señor Palmerston en 17 de junio de 1833, ha puesto a salvo nuestros derechos con arreglo a la ley de las naciones”.

 (*) Pelliza, Mariano, “La cuestión del Estrecho de Magallanes”, EUDEBA, Buenos Aires, 1969.

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“Los kelpers le dieron la razón a la Argentina”

Por Rodolfo Terragno. (*)

Desde ayer, Gran Bretaña no puede decir más que los habitantes de Malvinas son una tercera parte en el conflicto anglo-argentino.

Los isleños han confesado que son británicos. Eso es lo que la Argentina ha dicho siempre: son parte integrante del país con el cual tenemos el conflicto. No pueden ser ellos quienes decidan cuál de los dos países tiene razón. Serían jueces y parte.

¿Qué han reclamado hasta ahora las Naciones Unidas? Que Gran Bretaña y Argentina se sienten a dialogar, de país a país. 1 a 1. Para la ONU el conflicto es bilateral. No hay tercería posible.

¿Qué ha dicho siempre la Argentina?

Lo mismo que la ONU: los isleños son británicos. “Son parte integrante del país con el cual tenemos el problema” La única negociación posible es 1 a 1.

¿Qué decía Gran Bretaña?

Que los isleños formaban un pueblo, con derecho de autodeterminación, y que por lo tanto debían participar en las discusiones. Pedía que éstas fueran 1-1-1. En verdad, querían que fuera 2 a 1: Gran Bretaña + este grupo de súbditos… frente a la Argentina ¿Qué han dicho ahora los isleños?

Que no son un pueblo. Que forman parte del pueblo británico.

Ya no puede hablarse de 1-1-1.

En verdad, lo que han dicho con su voto ya lo decía la ley británica (British Nationality (Falkland Islands Act), que considera que los kelpers tan ciudadanos del Reino Unido como los que habitan en Londres, Manchester o Edimburgo.

Pero si había alguna duda de que fuera así, ya no puede haberla. La ley británica y los propios isleños coinciden: los que habitan esas islas argentinas son parte del país que las disputa.

Siendo este el caso, los isleños no tienen derecho a decidir si ese suelo que pisan es del país de ellos o del nuestro.

Derecho de autodeterminación tiene un pueblo sometido que quiere ser independiente.

(*) Extraído de ucr.org.ar. 12 de marzo de 2013. 

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Rodolfo Terragno: el referéndum en Malvinas y el reclamo argentino.

Para el dirigente radical, quedó claro que tras la votación en Malvinas los isleños son “un grupo de británicos que no puede ser tercero en un conflicto entre británicos y argentinos”, en charla con Mañana Sylvestre por Radio Del Plata.

“La ley del Reino Unido sobre nacionalidad ya declara que los isleños son británicos, esto yo sostuve en su momento que había que presentarlo como prueba en las Naciones Unidas. En 2007 presenté un proyecto en el Senado que fue aprobado por unanimidad incluyendo el voto de la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner, no sé por qué la cancillería no ha avanzado en esto. Pero no se hizo la presentación formal. Ahora son dos cosas, la ley británica que dice que son británicos y ellos en un referéndum dicen que son y quieren seguir siendo británicos, por tanto cómo se los puede tratar como tercera parte, no lo entiendo”, sostuvo Rodolfo Terragno tras el referéndum realizado entre los habitantes de Malvinas, quienes decidieron casi por unanimidad seguir siendo parte del Reino Unido.
“La posición de Naciones Unidas es que cualquier solución debe contemplar los intereses de los isleños, y nadie eso lo discute. Porque si se transfiere la soberanía no se podría ni pensar en expulsar a los habitantes. Habría que entender que tiene que haber un período de transición”, indicó el dirigente radical y puso como ejemplo el caso Hong Kong: “Cuando se transfirió la soberanía Hong Kong a China no se le dio la posesión de inmediato sino después de un período de años, y luego se incorporó a China en una situación especial con una zona franca, con ciertas características de gobierno, esto es un proceso paulatino y no se pueden ignorar los intereses de los isleños”
“Quedó claro que son parte del Reino Unido, ellos mismo lo dicen ahora y entonces no puede un grupo de británicos ser tercero en un conflicto entre británicos y argentinos”, expresó.
Luego, en Radio Del Plata advirtió que el referéndum pudo haber sido mucho más problemático para los reclamos argentinos en Malvinas si hubiera aparecido una propuesta de independencia: “El peligro era que se hiciera lo que quería hacer Margaret Thatcher, que era que los isleños votaran por su independencia. Porque hay países mucho más diminutos, como Tuvalu que es una nación reconocida en Naciones Unidas con embajador, es una isla pequeñísima. Por convenios soberanos le otorgan la defensa y las relaciones exteriores a la ex metrópoli, entonces Malvinas podría ser la República de Malvinas pero que queden las relaciones exteriores a cargo del Reino Unido. Esto hubiese sido un problema porque si esos habitantes de esos islas no quieren ser ni británicos ni argentinos sino malvinenses, entonces allí sería muy discutible y allí podrían levantarse muchas voces en favor de la autodeterminación”.

 

(*) Fuentes: GustavoSylvestre.com y RadioCataratas.com, 12 de marzo de 2013.

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Preguntas y respuestas sobre Malvinas.

Por  Alicia Castro.  (*)

Estuve contra la guerra en Malvinas el mismo 2 de abril de 1982, sabiendo que esa banda de genocidas a cargo de picanear la imposición de la miseria no era capaz de hacer nada bueno por la Patria y el ejército que mancillaron. Lo escribí entonces y logramos publicarlo en un diario.

Creo en la dialéctica y la construcción de políticas a través del arduo debate de opiniones diversas, del intercambio de ideas y del diálogo fecundo. Comparto la necesidad de pensar Malvinas como metáfora, en toda su complejidad y dentro de una historicidad larga, a la cual hemos hecho referencia. Por metodología, hasta cuando afirmo me permito dudar. Pero las preguntas que ha invitado a formularnos Federico Lorenz en su reciente artículo en Página/12 (el pasado lunes 3) me han sorprendido. Podría pensarse que son preguntas retóricas que serán respondidas a su regreso de Malvinas, pero conociendo los ritmos de la prensa no se podrá suponer inocentemente que la opinión publica estará esperando que resuelva los dilemas que plantea a la vuelta de un viaje, que pareciera sin retorno.

Hay algunas preguntas en esa nota que me impactan particularmente, a las que me referiré y daré respuesta.

– “¿Por qué, si hemos revisado tantas cosas en relación con nuestro pasado, no hemos incorporado la experiencia de la guerra y la posguerra para pensar la cuestión de Malvinas?” Creo que encuentra respuesta en la muy explícita y severa crítica que hace el gobierno nacional a la guerra, la denuncia y persecución de sus actores en la Justicia, la divulgación del Informe Rattenbach que impulsó la Presidenta. Nadie ignora la experiencia de la guerra en Argentina –¿cómo hacerlo?— y medios como la película Iluminados por el fuego han hecho una excelente tarea de concientización sobre las motivaciones y alcances del conflicto.

– “¿Debemos seguir pensando y sintiendo ‘la causa nacional’ según la matriz oligárquico-liberal en la que se construyó, retomada por el nacionalismo más variopinto sin apenas cuestionarla?” La “causa nacional” es pensada hoy en un contexto completamente distinto: el de la integración regional sudamericana. Esta forja una nueva matriz de pensamiento y opinión, implica que no sólo los argentinos sino toda la región rechazan la existencia de un enclave colonial, la expoliación de nuestros recursos naturales y la creciente militarización al sur de nuestro continente. Es claro para los sudamericanos que Gran Bretaña mantiene el interés estratégico en una base en el Atlántico Sur por razones geopolíticas, revelado en documentos desde 1740 y aún vigente. Hoy, en que además todo el planeta es consciente de las urgencias de recursos escasos, energía, agua y pesca, los intereses no sólo son evidentes sino contrapuestos.

– “¿Es correcto que usemos la palabra ‘negociar’ si no estamos dispuestos a considerar la posibilidad de ceder?” En mi experiencia de sindicalista, he aprendido que en las buenas negociaciones ambas partes pueden salir ganando. Pero lo que Lorenz debiera preguntarse, en cambio, es ¿quién, dónde, cuándo se puede hablar de esto, si no hay mesa de negociación, ni siquiera diálogo entre los Estados por negativa del Reino Unido? Esa pregunta –me la hacen frecuentemente los británicos– es fácil de responder: ver las negociaciones entre 1966 y 1982, donde ambas partes contemplaron varias alternativas para resolver la disputa territorial.

– “¿Nos atreveremos a pensar, al menos como un ejercicio intelectual, que tal vez no tengamos (toda la) razón?” Esta pregunta sobre la “razón” ya entra dentro del campo del absurdo. Me confunde. No sé si el autor de la nota está dudando del uti possidetis jure –el derecho de posesión de estados—, de las afirmaciones del duque de Wellington cuando como primer ministro inglés puso en duda los títulos británicos sobre Malvinas ante la invasión de 1833, o del propio Lorenz, quien, como profesor, tantas veces ha hecho referencia –en Argentina y en Londres– a los incuestionables derechos argentinos sobre las islas Malvinas.

– “¿Estamos seguros de que nuestra sociedad está de acuerdo con la idea de no incluir a los isleños en las negociaciones?” Cualquiera podría afirmar ingenuamente que los isleños debieran participar en las negociaciones. Se entiende. No toda la sociedad sabe que el Reino Unido quiere que los isleños sean parte de la negociación bajo dos condiciones: a) como “gobierno de las islas”, es decir, como tercera parte en la negociación, cuando las Naciones Unidas establecen que la disputa debe resolverse entre dos Estados: Argentina y el Reino Unido; b) los isleños no se avienen a negociar soberanía, sino solamente “cuestiones prácticas” de su interés y exclusiva conveniencia. No “toda la sociedad” está cabalmente informada de esto, pero sí lo está Lorenz. Generalmente más importante que tener todas las respuestas es hacer/se las preguntas adecuadas.

– “¿Cómo puede ser que nuestro Congreso haya votado a favor de dialogar con un Estado sospechado de participar en un atentado terrorista contra nuestros ciudadanos pero no podemos hacerlo con los habitantes de Malvinas?” Lorenz alude a un caso debatido y resuelto por los representantes del pueblo y las provincias en el Congreso, dentro de las normas de la democracia representativa. Aunque su pregunta apele a una comparación simplista –casi una provocación—, no se puede ignorar que los habitantes de las Malvinas no constituyen un Estado diferente del Reino Unido. Para “pensar la historia a largo plazo” se desaconseja olvidar la propia historia, en este caso la historia del imperialismo, el antiguo y permanente afán de perpetuar un orden colonial de violencia y saqueo para servir a objetivos estratégicos diferentes y contrarios a los nuestros; ni olvidar nuestra luchas por generar un orden multipolar que dé “equilibrio al universo”, diría Bolívar.

El derecho, en este caso el derecho internacional que rige la relación entre Estados, es también una construcción social. No hay duda de que el derecho de autodeterminación que sirve para liberar a los “pueblos” sometidos a un orden colonial no cabe a los actuales habitantes de Malvinas; ellos son ciudadanos británicos, pero la tierra que habitan pertenece a la Argentina. Gozan de incuestionables derechos civiles y políticos, pero no tienen la capacidad legal de resolver el destino del territorio ni la disputa de soberanía. Se trata de una disputa territorial, el contencioso no involucra a los habitantes; ponerlos en el centro de la escena incluyendo argumentos sentimentalistas y apelando a consensos blandos es una estrategia del “lobby” que defiende intereses económicos particulares de los isleños. No se entiende, por lo tanto, a qué ni a quién están dirigidas esas preguntas. Debiera Lorenz proponer —“al menos como un ejercicio intelectual”— algunas preguntas a los británicos. Preguntar, por ejemplo, qué “están dispuestos a ceder” los británicos. Preguntar por qué el gobierno del Reino Unido defiende el derecho de autodeterminación de los habitantes de las Malvinas y no lo hizo con los millones de habitantes de Hong Kong y, mucho menos, en Chagos. Al menos tratar de entender y explicar la férrea defensa que hace el Reino Unido de los “deseos” de los habitantes de Malvinas, tan diferente del trato que brindan a los habitantes del archipiélago de Chagos, expulsados de la isla Diego García. Seguramente Lorenz conocerá los cables (filtrados por Wikileaks) que revelan que el director de Territorios de Ultramar de la Cancillería británica, Colin Roberts, insistió ante el encargado de negocios de la Embajada de EE.UU. en el Reino Unido en la creación de un “parque o reserva marina” con el único objetivo de impedir que los chagosianos, pescadores, regresaran a su isla.

– “No habrá huellas humanas o Man Fridays (sic) en las islas deshabitadas”, sostuvo Colin Roberts. “Man Friday” es el despectivo nombre del sirviente aborigen de Robinson Crusoe. Respondiendo a la inquietud del diplomático estadounidense que advirtió que los que abogan por la reinstalación de los chagosianos en su isla continuarían vigorosamente dando prensa a su caso, Colin Roberts “opinó que el lobby ambiental es mucho más poderoso que los abogados de los chagosianos”. Estamos informados de que Colin Roberts ha sido designado por el gobierno del Reino Unido como el ilegítimo “gobernador” de Malvinas a partir del año próximo. ¿Se ha preguntado Lorenz si esto es lo que diplomáticamente llamamos “doble standard” o es el más despiadado y rampante cinismo imperialista?

– Concluye la serie de doce preguntas interrogándose si es “menos argentino quien plantee estas cosas”. Mejor que nuestros compatriotas que leen Página/12, se lo podrían responder en Londres quienes ya están reproduciendo en la prensa británica sus cuestionamientos, para cimentar la posición del gobierno del Reino Unido, del mismo modo en que antes se usara la controvertida opinión de los denominados “17 intelectuales” sobre Malvinas.

Lorenz formula su serie de preguntas desde la doble entidad de un historiador con la fuerza de un especialista que escribe y describe “al pie del avión”. Regresa a Malvinas –anuncia dramáticamente– “en un clima tenso debido a la gestualidad agresiva y obstinada de los dos gobiernos involucrados en la disputa diplomática”. Yo escribo desde Londres, en el día del referéndum. Hoy veo con pesar que Lorenz parece olvidado de todas las lecciones de la historia de nuestro país y nuestro continente cuando coloca al gobierno ocupante en el mismo plano que a nuestro gobierno, que reclama la solución de la disputa de soberanía por la vía pacífica y diplomática.

En los días en que velamos dolorosamente a Hugo Chávez, confundir al agresor y expoliador de nuestra Patria Grande con el agredido es una licencia que no podemos dejar pasar.

 

(*) Página 12, 13 de marzo de 2013. Alicia Castro, embajadora argentina en Londres.

 

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Malvinas: duros mensajes contra el país en la consulta.

Por Martín Dinatale. (*)

PUERTO ARGENTINO.- Hubo cientos de banderas del Reino Unido en las calles y un amplio despliegue del cotillón electoral británico en los bares, hoteles y casas. Todo se vivió como una verdadera fiesta en esta ciudad y en otras localidades del interior de las islas Malvinas. No se necesitaban demasiadas palabras para completar la postal: los gestos y mensajes fueron muy claros.

Durante la primera jornada del referéndum organizado por las autoridades locales para definir el estatus político de las islas, los votantes emitieron ayer una señal inequívoca al mundo: dieron señales evidentes de que quieren seguir siendo británicos, fustigaron duramente a la Argentina con mensajes ácidos y no se mostraron muy convencidos sobre la posibilidad de aspirar en el futuro a una eventual independencia.

Hoy continuará el plebiscito para saber si los isleños quieren seguir siendo un territorio de ultramar británico. Por la noche se conocerán los resultados, aunque no hay ninguna duda de que habrá un respaldo abrumador a mantener el actual vínculo con Londres y rechazar cualquier alternativa que los pueda relacionar con la Argentina.

Ayer se desplegaron cuatro centros fijos de votación en las dos grandes islas, ocho centros en otras pequeñas islas, un avión recorrió las zonas alejadas y cuatro móviles de votación se trasladaron entre las 8 y las 18 por pueblos y campos del interior.

La Misión de Observadores Internacionales contratados por las autoridades de las islas Malvinas acompañó a cada móvil de votación y estuvo en los puestos fijos.

El jefe de la misión de estos observadores, el colombiano Juan Henao, explicó a LA NACION que hasta anoche había votado más del 70 por cientodel electorado y que todo había transcurrido “con normalidad y en forma pacífica”.

Entre ayer y hoy están en condiciones de votar unos 1650 isleños de los 2500 habitantes que hay. Para hacerlo deben tener siete años de residencia y los documentos al día. Si bien entre los votantes hay argentinos y chilenos, ayer no se vio a ninguno frente a los centros de votación.

La primera muestra de que el sí ganará abrumadoramente en esta consulta la dio Graham France, un jubilado de 79 años que nació en Gran Bretaña y hace 23 años llegó a las islas Malvinas.

Nada pareció casual: este ex constructor de Sussex no sólo fue el primer votante del referéndum que se mostró sin tapujos por un resultado favorable del referéndum, sino que también abrió la puerta a una catarata de imágenes probritánicas que se repitieron a lo largo de todo el día.

“Vamos a mostrar al mundo y a la Argentina que somos británicos y que queremos seguir siéndolo”, expresó France a LA NACION. Tenía apenas un saco gris oscuro y el viento lluvioso sumado a los cuatro grados de temperatura no le hacía temblar la voz.

A las 10.01 terminó de votar en el Town Hall, el edificio donde funciona la Asamblea Legislativa, y detrás de él ya empezaban a hacer fila una veintena de isleños. Se arrimaban en familia o solos. Había entusiasmo entre ellos y sonrisas compartidas. La mayoría llevaba remeras, gorras, trajes, zapatos o cualquier atuendo que tuviera la bandera del Reino Unido.

En otros casos la alegoría en contra de la Argentina era más elocuente: se vieron remeras con inscripciones como “England 1 Argentina 0”, dibujos con el mapa de la Argentina y la palabra shit (mierda) o una casaca como la que mostraba Tedd, el dueño de una tienda de souvenirs , que decía: “Las Falkland [Malvinas] son británicas. Lo único que hay de la Argentina aquí son las minas. Peligro”.

Stephen Clifton, un capitán de barcos que nació aquí llegó a votar con sus dos hijos y no ahorró críticas hacia la Argentina. “Es imposible dialogar con el gobierno de ustedes. Además la Argentina se parece a la dictadura, que sólo saca el tema Falkland [Malvinas] para tapar sus problemas internos”, dijo a LA NACION.

El gobierno argentino rechazó de plano el referéndum realizado aquí. La embajadora argentina en Londres, Alicia Castro, calificó de “irrelevante” la consulta (ver aparte).

Es que para la Argentina el referéndum no sólo no fue convocado por las Naciones Unidas, sino que consideran a los actuales habitantes de Malvinas una “colonia implantada” y sin posibilidad de recurrir al recurso de autodeterminación de los pueblos que invocan los isleños en la ONU.

No obstante, los votantes ayer no sólo desoyeron los cuestionamientos de Buenos Aires, sino que insistieron en fustigar a la Argentina.

En medio de la votación se pudo ver una caravana de 87 vehículos, más caballos y motos con banderas de Gran Bretaña y carteles por el sí.

No hubo espacio para el disenso. La campaña por el no brilló por su ausencia. Nadie, al menos en público, se animó a opinar en contra del sí. Henao, el jefe de los observadores (grupo conformado por representantes de países alineados con Londres, pero también latinoamericanos), dijo que la ley de las islas Malvinas no prohibía la campaña por el sí durante la votación.

Los isleños también continuaron fustigando al Gobierno: “Es importante que la Argentina escuche nuestro reclamo y nos sume al diálogo en las Naciones Unidas”, dijo Dahiana Burucua, una uruguaya que llegó aquí hace más de 10 años.

Más directa fue Frina Bernsten cuando dijo que “parece increíble que el gobierno argentino nos ignore. Estamos orgullosos de ser ingleses y no nos vamos a ir”, dijo a LA NACION.

Esta conductora de la radio local fue una de las pocas que mencionaron la idea de la independencia como un debate “para más adelante”.

Por ahora, la mayoría de los isleños no sólo ve lejana la guerra de 1982, sino también el despegue de Gran Bretaña. Hay varias razones económicas, de defensa militar y de pertenencia a una bandera que explican estos motivos.

El referéndum se produce en uno de los momentos de mayor tensión entre la Argentina y Gran Bretaña. La Cancillería acaba de denunciar ante la ONU la militarización de las islas.

Londres rechazó esas acusaciones y criticó a la Argentina por las restricciones que afectan a los isleños, como la limitación de los vuelos chárter y las acciones para que los buques que se dirijan a las Malvinas no puedan hacer escala en puertos de países latinoamericanos.

Del editor: qué significa.

Los isleños están dando un paso decisivo en su objetivo de lograr un mayor grado de autodeterminación. La Argentina aparece impotente ante la consulta.

 

(*) La Nación, 11 de marzo de 2013.

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Malvinas Argentinas: editorial del diario la Nación (*)

Este año se cumplirán treinta del conflicto armado con Gran Bretaña por las islas Malvinas, en 1982. Desde entonces las partes del prolongado conflicto de soberanía no han conversado entre sí sobre ese tema porque, pese a los constantes y reiterados llamados a hacerlo formulados por la comunidad internacional desde las Naciones Unidas, Gran Bretaña se niega a ello, sistemática y terminantemente. Por esto deberá ciertamente asumir la responsabilidad histórica que conlleva esta actitud de corte prepotente y cerrado, que desoye los llamados a dialogar y es contraria a la buena fe. Los británicos parecerían apostar a que de esta manera el conflicto desaparecerá: se equivocan. Nuestro país no renunciará a su legítimo reclamo de soberanía ni a negociar una solución por la vía diplomática.

Nuestra región lo ha comprendido y está comenzando a mostrar una solidaridad efectiva con la posición argentina. Esto es clave mirando hacia el futuro. La Argentina no está en soledad, sus vecinos la apoyan con hechos, más allá de la declamación. El Uruguay, por ejemplo, a pesar de las intensas presiones británicas, emitió un comunicado oficial en el que se habla claramente de “solidaridad continental” con el reclamo argentino y se rechaza expresamente la “posición colonial inglesa en América latina”. No es poco, porque de alguna manera así se expresan las razones de la regionalización de la acción frente al postergado conflicto de las islas Malvinas. El simbolismo de lo sucedido es enorme y el agradecimiento va de suyo.

Ocurre, sin embargo, que el tiempo no se detiene. Los hombres, tampoco. Y los hechos siguen siempre su curso. Los británicos se preparan ahora para comenzar la explotación comercial de los recientes descubrimientos de hidrocarburos ubicados en el mar que está al norte de las islas, y siguen vendiendo licencias de pesca para capturas en las aguas que están en torno a las islas, especialmente a flotillas españolas que operan allí, seguramente en función de que el Tratado de Lisboa, que ratifica la creación de la Unión Europea, ubica, atrevidamente, las islas como si fueran pertenecientes a los británicos.

Es por ello que la Argentina ha salido recientemente al cruce de esta realidad para corregir una situación inaceptable: que haya buques que enarbolen una presunta bandera de las Malvinas, y operen y recalen con ella en los puertos de nuestra región, como si ello no significara nada. Y nuestro país parece haber tenido éxito gracias a la generosa solidaridad del Mercosur, que decidió prohibir esa práctica y no recibir en sus puertos a buques que enarbolen esa presunta bandera.

Gran Bretaña buscó modificar esa decisión regional y no tuvo ningún éxito. Su canciller, William Hague, acaba de admitir expresamente ante la propia Cámara de los Comunes que Brasil, Chile y Uruguay no aceptan, en virtud de una prohibición explícita resuelta en la cumbre del Mercosur, realizada en Montevideo el 20 de diciembre pasado, la presunta bandera isleña y que, para usar sus puertos, los buques que operen en las Malvinas deberán tener el habitual pabellón británico, no uno de las islas Malvinas, con cuyo uso se procuraba crear inaceptables hechos consumados.

En rigor, la batalla diplomática por tratar de evitar el continuado despojo de los recursos naturales que nuestro país reclama como propios recién empieza. Será larga y compleja, y requerirá tesón, templanza y paciencia. Será fundamental en ella poder contar con el acompañamiento real de nuestros vecinos. Esto debe naturalmente reconocerse con la estrategia diplomática adecuada: la que corresponde a una fraternidad recíproca. Especialmente, respecto de Brasil, Chile y Uruguay, países que, por su ubicación geográfica en el litoral marítimo, están llamados a tener un rol importante, sino esencial, en la búsqueda de una solución pacífica al largo conflicto que Gran Bretaña, no sin alguna cuota de perfidia, se empeña en ignorar.

(*) Editorial de hoy, 17 de enero de 2012. 

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